Todos los que hoy ocupamos cargos de relevancia en recursos humanos o liderando equipos, tendremos experiencia suficiente para haber escuchado de autores como Bob Nelson, Stephen Covey, Mel Robbins, Chris Gardner, Simon Sinek, Lance Armstrong, Tony Robbins, entre otros. Todos ellos son gurús motivacionales de talla mundial que aportan de alguna u otra manera a nuestro intelecto y vida profesional recordando que cuando colocamos un enfoque especial sobre ciertas metas, nos ayudará volitivamente a ejecutar sacrificios o esfuerzos tan grandes, que ninguna adversidad (sólo la muerte) podría detenernos hasta alcanzar el objetivo.
Chris Gardner es el protagonista de una película muy reconocida internacionalmente (protagonizada por Will Smith) en donde la trama del actor principal se desarrolla en una agitada ciudad cuyas necesidades son muy apremiantes, pero su deseo por lograr un buen trabajo y sus objetivos era incluso más grande que los obstáculos por los que estaba pasando. Así como ésta, muchas historias de éxito nos presentan distintas intensidades y estilos de motivación para entender que no todas las historias son iguales y no todas requieren de la misma intensidad y pasos del proceso.
Desde mucho antes, trabajar bajo esquemas de administración por objetivos como planteaba Peter Drocker y traerlos a la actualidad con dashboards interactivos, verificación frecuente de alcances o brechas por cubrir, reuniones rápidas y frecuentes, café con los colaboradores, sesiones más extensas una vez al mes. Demostrar métricas y su avance para mantener motivas a nuestros colegas para alcanzar mejores indicadores de producción o no dejarse alcanzar por muchos otros. Todo eso fue objeto de revisión en su momento y se convirtió es esquema de premios, reconocimientos, bonificaciones, primas de producción y múltiples alternativas que no hacían otra cosa que utilizar los elementos disponibles para motivar a través del número, la producción e impacto en el negocio.
También conocemos distintas estrategias para motivar a nuestros equipos que incluyen: actividades por aniversarios, concursos, talleres dentro y fuera de oficina, contenidos multimedia, redes sociales, premios, lecturas o capacitaciones para mantener nuestros niveles de motivación siempre altos. No perdamos de vista que el trabajo del motivador conlleva un gran esfuerzo y una atención constante al detalle.
Pero la formación de todos estos gurús, los múltiples recursos que podamos ocupar para nuestros colaboradores y las características de todas estas historias de éxito no pasan en los mismos escenarios que tenemos hoy en día, con la misma mentalidad homogénea de nuestros grupos ni con la misma formación académica y profesional que tienen las nuevas generaciones. De allí que la forma de reaccionar e interactuar de nuestros colaboradores con las campañas de motivación que realizamos no tiene el mismo efecto en todos.
¿Qué ha cambiado en las últimas décadas que convierte la mentalidad del talento joven en una mentalidad completamente diferente a la que se formó a finales del siglo pasado o inicios del presente? ¿Por qué las campañas de motivación que utilizaba antes ya no tienen el mismo impacto hoy? ¿Por qué el personal joven ya no mantiene las relaciones laborales por el mismo tiempo promedio que se tenía antes?
Todas estas y otras preguntas son las que vamos a resolver en nuestro conversatorio. Atrévete a cambiar las formas de ver el mismo evento, que quien ve más opciones tiene mayor posibilidad de éxito que los que sostienen un solo estilo o una sola perspectiva.